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Tambores de Híjar o como Romper la Hora.



Después de mucho ir y venir, de planes inciertos y difusas ideas tomamos la determinación de recorrer el Maestrazgo, cruzar el Coll D'Ares, tomar Morella des del Sur (en claro homenaje al Ramón Cabrera, El Tigre del Maestrazgo) y afrontar la travesía de la estepa zaragozana hasta encontrar en una hondonada el antiguo pueblo de Híjar, en dónde des de el siglo XIV se celebra una Semana Santa muy peculiar. En la Plaza de la Villa del Híjar se reúnen el Jueves Santo a la noche centenares de cuadrillas ataviadas con túnicas negras, bombos, timbales y tambores. Minutos antes de las 12 de la noche, de manera colectiva se incita al silencio, la plaza, atestada calla paulatinamente hasta que se genera un tenso silencio que poco dura. A las 12 en punto de la noche el alcalde baja del ayuntamiento y con un ahogado grito se inicia una atronadora descarga de percusión que desborda la capacidad acústica de este pequeño enclave arquitectónico y a eso, los de Híjar lo llaman Romper La Hora.

Las cuadrillas que varían en su tamaño y composición están formadas por grupos de 10-12 personas contando así con varios bombos (de gran diámetro), tambores y timbales. Todos ellos en pequeños círculos hacen sonar los instrumentos siguiendo el ritmo del grupo mas cercano. A pocos metros otra cuadrilla hace lo mismo a su propio ritmo.

Así pues, enseguida el espectro audible queda lleno de un paisaje sonoro tremendo salpicado de ataques y ritmos entrecortados. Entre cuadrilla y cuadrilla se producen desajustes y todas los elementos instrumentales de este ambiente sonoro se desencaja generando un tono sostenido que en su conjunto se mantiene regular pero si analizamos las partes no existe sincronía alguna. Todo el conjunto está salpicado por tres tipos de sonoridades, como gránulos en síntesis granular, cada objeto sonoro rellena un hueco específico que en conjunto termina generando una textura sonora infinita.

A medida que avanza el tiempo las cuadrillas empiezan a desplazarse y a salir de la plaza desestructurando una vez mas el conjunto sonoro, pequeños grupos empiezan a diseminarse por callejones, callejas, plazoletas y cómo no, entradas de bares. A medida que avanza la noche la plaza va quedándose vacía mientras que en casi todas las calles de Híjar se escuchan cuadrillas marcando su propio ritmo. Éstas buscan lugares concretos, con acústicas determinadas, buscan cruces de calles con ecos específicos, tocan debajo de portales o simplemente se dedican a recorrer las calles del pueblo trasladando esos ritmos a varios puntos.

De ahí hasta las 3 de la madrugada es recomendable subir al Calvario, un punto elevado del pueblo en el que podemos escuchar con clara definición el carácter plurifocal de este concierto de tambores. La propia posición del oyente en relación a la estructura de calles provoca interesantes estructuras sonoras espaciales. A derecha e izquierda llega el sonido de cuadrillas aisladas mientras que ahogado se oye esa textura regular que se forma por la acumulación de ritmos en un mismo sitio (la plaza de la villa) que poco a poco va perdiendo intensidad hasta desvanecerse. Tomando mayor perspectiva recuperamos esa sensación de bloque sonoro que a veces se difumina por la intensidad de una cuadrilla cercana.

Bajando de nuevo al intrincado entramado de calles recuperamos esos juegos de ir y venir acústico, vayamos dónde vayamos siempre hay fuentes de sonido en constante movimiento que se esconden por calles y hay que perseguir. Hay espontáneos que deambulan buscando un ritmo que seguir, y pequeñas cuadrillas que exploran posibilidades rítmicas en enclaves concretos (enfrente del Bar Chicote). Allí las cuadrillas se difuminan, buscan el ritmo entre unos y otros, se trasladan y nunca conservan un orden ni una posición, se desplazan, giran, focalizan, se alejan, se acercan.

A todo esto y ante la evidente posibilidad de sufrir un tremendo dolor de cabeza nos damos cuenta del carácter hipnótico del ritmo de los tambores, descubrimos que no tenemos dolor de cabeza sino una necesidad catártica de seguir escuchando, de perseguir esa cuadrilla que trata de generar ejercicios rítmicos repetitivos. Todos ellos padecen de la misma enajenación, todos los presentes callamos y escuchamos, seguimos el ritmo incesante y de eso no podemos escapar. quizás esta sea una de las sensaciones mas sorprendentes que uno puede experimentar en Híjar, el carácter hipnótico de ritmos incesantes.

A todo esto, la noche avanza y pronto nos damos cuenta que las cuadrillas se reúnen al inicio de la Calle San Blas en dónde aparece un paso de Semana Santa y de repente, se rompe la regularidad sonora con los trompetines de una Centuria de Romana que se acerca a la plaza dando pie al inicio de la Procesión de los “Despertadores”.

En ese momento todo cambia se produce el primer silencio de la noche, para dar paso al primer canto del Rosario, conocido como Canto de las Auroras. Un coro formado por una veintena de hombres y tres mujeres (si no me equivoco) que transforman el paisaje sonoro, lo trasladan de la incesante percusión a un cántico litúrgico solemne que de nuevo nos traslada y transforma la manera de percibir el sonido. Estos cánticos se suceden en distintos puntos del recorrido siempre marcados por la señal acústica de los trompetines de la Centuria Romana que enmarca esta delicada frase sonora en medio de una noche de estruendo y ritmo.

Y es en esta procesión cuando por primera vez en toda la noche escuchamos un ritmo regular, el de la procesión que siempre conserva esa estructura de, tambores, paso de la Centuria, trompetines, coro, trompetines, paso de la centuria y tambores hasta completar el recorrido hasta la Iglesia en dónde se reza el Rosario.

Y en ese punto es cuando nuestras tarjetas de memoria SD de la grabadora empiezan a decaer y nuestro estado físico pasa de pésimo a lamentable y decidimos abandonar la liturgia y explorar el noble arte de buscar un rincón en dónde plantar la tienda y fenecer como héroes de la fonografía litúrgica.

Con ello, volvimos a Tarragona en dónde volcamos todo el material registrado (aproximadamente unas 4 horas de grabaciones de campo que aquí os resumo de una manera bastante sintética. Teniendo en cuenta el trabajo y el volumen del material ya estamos pensando en cómo presentarlo en un mapa comprensible. De nuevo, este material una vez esté editado y masterizado formará parte de un nuevo mapa sonoro que estará a disposición de todo el mundo bajo Dominio público. Fijaos que aquí de nuevo, renunciaremos a las licencias CC para ofrecer este material a quien pertenece, al Pueblo de Híjar, nosotros, al fin y al cabo somos meros oyentes ajenos.

Desgraciadamente y debido a la meteorologia tubimos que abortar la misión de seguir grabando el Viernes Santo. Así que el material que se ha recogido sólo contempla todos los elementos característicos de la noche del Jueves al Viernes Santo.

Aprovechamos también para agradecer las indicaciones de Antonio Lasala Meseguer , antropólogo local, que nos indicó que grabar y dónde. Y le emplazamos a que repase y corríga las imprecisones de un foráneo recogiendo sonido en su pueblo.


Brújula Sonora 2.0 // Valencia

Finalmente y después de pasar cierto tiempo olvidada en un rincón, la Brújula Sonora vuelve a contener geografías sonoras circumdantes a ello. En esta ocasión, y después de varios fallos negativos en varias convocatorias cuyo nombre no quiero recordar se presenta la versión 2.0 de esta instalación. Esta vez, la Clínica Mundana acoge el sistema.

El proyecto se muestra dentro de la exposición colectiva Entornos Vividos y No-Lugares, comisariada por Itziar Markijana. En ella se muestran distintas aproximaciones al paisaje desde varias disciplinas. Fotografía, videoinstalación, pintura e intervención mural complementan las disciplinas que abordan la tematica paisajista de esta muestra que permanecerá durante todo el mes de Abril en La Clínica Mundana. Los artistas participantes son Manu Pérez, Pablo Llopis, Damià Jordà, Carlos Segura y Azhara Cerezo.

Brújula
 es
 una
 instalación
 sonora
 interactiva
 que
 se
 plantea
 como
 un
 sistema
 de
 muestra
 de
 paisajes
 sonoros
 geolocalizados.
 La
 pieza
 tiene
 el
 aspecto
 de
 una
 tabla
 de
 orientación
 en
 la
 que
 el
 usuario
 puede
 recorrer
 mediante
 una
 brújula
 de
 mano
 la
 geografía
 circundante
 al
 espacio
 expositivo.
 A
 su
 vez
 mediante
 el
 uso
 de
 la
 Brújula
 Sonora
 el
 usuario
 irá
 construyendo
 una
 composición
 de
 paisajes
 sonoros
 cambiantes
 que
 se
 irán
 entremezclando
 en
 una 
sinfonía
 cacofónica 
que 
no 
es 
mas
 que 
un 
retrato 
acústico 
y 
sonoro
 de 
un
 territorio.
 En
 este
 caso
 el
 territorio
 protagonista
 es
 la
 ciudad
 de
 Valencia
 y
 sus
 alrededores.

La recogida de datos sonoros en Valencia se inició en otoño del 2009 y terminó hace escasos días en un periplo automobilístico a toda prisa. Finalmente Brújula Sonora 2.0 contiene 24 paisajes sonoros divididos en 8 puntos cardinales. El sistema actualmente funciona igual que en su primera versión para Mollet del Vallés. Sin embargo esta nueva versión cuenta con un sistema que permite mostrar mas paisajes sonoros por coordenada generando la reproducción aleatoria de varias opciones dentro de una misma coordenada. Por ello si acercamos la brújula al norte del mapa pueden sonar tres tipos de archivos de paisaje sonoro distintos.

A su vez el dispositivo que activa la interfaz ha sido rediseñado para asemejarlo mas a una brújula y alejarse del ratón de ordenador.